La felicidad en el entorno laboral - Happydonia
La motivación y la felicidad son dos pieza clave a la hora de obtener los objetivos propuestos por los propios empleados. Cada vez son más Organizaciones que invirten en ello
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La felicidad en el entorno laboral

Pregunta abierta donde las haya y que da pie a infinitas respuestas subjetivas, ya que al temperamento con el que ya venimos cuando nacemos, se suma el carácter y la personalidad que nos aportan la educación, entorno, relaciones y experiencias. Todo ello se combina de forma múltiple para acompañar a nuestras actitudes en su desarrollo, transformación y cambios a lo largo de la vida, por lo tanto, la definición de felicidad es abierta, plural y amplia, a la vez que compleja.

“Para mí la felicidad son momentos donde el equilibrio entre lo que estás pensando, haciendo y, en su caso, diciendo, te produce una sensación de bienestar.”

Extrapolando el tema al ámbito laboral, ya que Happÿdonia tiene como misión principal detectar el grado de felicidad en las organizaciones empresariales e impulsar y proporcionar herramientas que creen el ambiente laboral idóneo para que la evolución de la empresa transcurra de manera sostenible, saludable y feliz, la pregunta sería:

¿Qué es la felicidad laboral?

 

Partiendo de mi definición… ¿Qué puede pensar, hacer y decir una persona cuando se dirige al trabajo y durante el tiempo que se dedica a llevar a cabo sus desempeños?

Respondiendo a la pregunta, creo que hay una palabra que determina, el talante con el que una persona realizará las tres acciones, pensar, hacer y decir a lo largo de la jornada laboral y esa palabra se llama motivación.

Cuando una persona se dispone a comenzar su trabajo, tiene que hacer un ejercicio de cambio de registro y desplazar su atención principal de los momentos que forman su entorno personal, para centrarse en sus actividades profesionales, tenemos que aparcar, momentáneamente, temas que circulan por las autopistas neuronales de nuestro cerebro, a veces en forma de preocupaciones, sin freno ni límite de velocidad y pasar a centrarnos en realizar lo mejor posible nuestros desempeños.

Además, si lo logramos y las sensaciones que nos invaden al hacerlo son positivas y satisfactorias, seguramente nos servirán para ver de otra manera las cosas cuando terminemos nuestra jornada y volvamos de nuevo a menesteres de nuestra vida privada.

Es importante remarcar, no obstante, que, independientemente de actitudes y entornos, somos seres humanos, dentro y fuera de la empresa y habrá situaciones personales que afecten a nuestro trabajo y situaciones laborales que afecten a nuestra vida personal, en estos casos hay herramientas muy buenas para gestionar dichas situaciones, como lo son el diálogo, la empatía y la reflexión en positivo en busca de soluciones.

Que las tareas que tenemos que desarrollar cada día en el entorno laboral vayan encaminándose de manera satisfactoria hacia los objetivos que se nos encomiendan o que nosotros mismos nos hemos marcado, es algo directamente relacionado con el grado de compromiso que tenemos para llevarlas a cabo.

Está claro que debe de existir una importante motivación para lograr desplazar de nuestro día a día interior, numerosos puntos y temas que reclaman y distraen nuestra atención y así poder  centrarnos de lleno en nuestras actividades y responsabilidades profesionales.

Para ello, la motivación es la pieza clave que facilita que el rendimiento en el trabajo vaya acompañado de buenos resultados, creo que es algo en lo que la mayoría de los lectores estarán de acuerdo, ahora bien…

 

¿Cómo se consigue?

 

El mundo es un continuo proceso de cambio y los motivos por los que se llevan a cabo las acciones y los comportamientos, van variando y transformándose.

Desde que se produjo el descomunal vuelco de las formas de trabajo que trajo consigo “La Revolución Industrial”, que comenzó en la segunda mitad del siglo XVII, hasta prácticamente nuestros días, es decir durante nada más y nada menos que 250 años, el motivo principal y en muchos casos único que movía a las personas a realizar su trabajo era el salario.

En la actualidad, todavía hay una enorme cantidad de organizaciones empresariales cuyos dirigentes exigen buenos rendimientos y buenos resultados a cambio de dinero puro y duro, reparando poco en otros factores que puedan influir para alcanzar los objetivos marcados.

Aunque, en las empresas de la segunda mitad del siglo XX, dicha filosofía ya empezó a perder algo de fuerza y otras variables comenzaban a afectar al rendimiento en el trabajo, el rumbo de las formas de vida hacia la sociedad de consumo provocaba que siguiera focalizándose intensamente en la retribución salarial como motor de obtención de resultados, eclipsando otros indicadores que podían contribuir a ello.

En las últimas décadas del siglo pasado, la tecnología comenzó a cambiar de velocidad de un modo significativo, en cuanto a la creación y aportación de componentes, recursos y medios para mejorar y acortar el tiempo que se precisaba para múltiples tareas, siendo esto el resorte que impulsó y fue determinante para que los desempeños laborales ya nunca más fueran un simple y único intercambio de trabajo a cambio de dinero.

Al comienzo del siglo XXI, la tecnología continuó extendiéndose, ya a un ritmo vertiginoso y trepidante, convirtiéndose en la actualidad en un recurso inseparable e imprescindible del avance y crecimiento eficiente de las organizaciones empresariales.

Próximos a alcanzar el primer cuarto de siglo del nuevo milenio, las dimensiones y la importancia que el avance tecnológico y la transformación digital tienen en la globalización del mundo en general y de la comunicación en particular, que se difunde y extiende con inmediatez, abundancia de contenidos y múltiples posibilidades, está abriendo caminos inimaginables hace tan solo una década.

 

Como se suele decir “esto no hay quien lo pare” y reflexionando en profundidad sobre ello, el hecho de que la tecnología avance a pasos agigantados, nos coloca en un lugar de privilegio en la historia de la humanidad que, si se sabe gestionar bien, puede dotar a nuestra vida de los beneficios y las comodidades adecuadas para que esta sea larga, saludable y feliz.

Para que todo esto vaya por un camino de equilibrio y sentido común hay que ponerse a trabajar de lleno, propiciando que la tecnología vaya de la mano de la emoción.

Si las enormes ventajas que la tecnología aporta a la humanidad no se coordinan con actitudes paralelas en las que seamos conscientes de que las personas somos seres vivos que necesitamos socializar y relacionarnos, estaremos dirigiéndonos a senderos peligrosos.

Por ello, en las empresas:

  • Hay que intercambiar no solo datos, sino también emociones.
  • Optimizar no solo resultados sino generar estados de ánimo optimistas.
  • Trabajar para alcanzar metas sin olvidarnos de disfrutar de la experiencia durante el proceso.

 

Nunca había sido tan rápido y tan fácil, interaccionar e intercambiar contenido en la red, por ejemplo, en forma de datos, imágenes, videos, charlas, chats, formaciones y publicaciones, pudiendo, también, comprobar por estos medios, como otras personas llevan a cabo desempeños similares a los nuestros en otras empresas, bien de diferentes actividades o del mismo sector y así poder comparar maneras de llevarlos a cabo.

Jamás, los seres humanos habíamos tenido acceso a tan enorme cantidad de información referente a formas de liderazgo, de desempeños en equipo, de los beneficios que tiene trabajar en un ambiente equilibrado, respetuoso, cooperativo, cohesionado, dinámico y rodeado de buen humor.

En la era, no ya solo de la tecnología sino del cerebro, de la neurociencia y del conectoma humano, las organizaciones que no comiencen a utilizar herramientas que impulsen un ambiente de trabajo que ha pasado a denominarse de forma genérica como “felicidad laboral”, irán desapareciendo durante los próximos años, ya que en la actualidad una de las principales razones que elige el talento para permanecer y aportar lo mejor de sí mismo a la empresa, es sentirse feliz y en sintonía con la marca que representan.

En un mundo empresarial donde las calidades y los precios tienden a homogeneizarse, lo que ya está marcando la diferencia son las personas, sus relaciones y sus emociones.