Hace unas semanas tuve el privilegio de participar en el programa #MediandoConElena de #ClickRadioTV, al que fui invitado por su directora Elena Baixauli.

Fue una tertulia muy agradable donde fue maravilloso tener la oportunidad de poder hablar de la importancia de trabajar en un entorno laboral saludable y feliz, aunque todavía mejor fue escuchar las grandes aportaciones que hicieron mis compañeras de tertulia.

Podría extenderme hablando de muchas de las cosas que oí y que me aportaron nuevos aprendizajes, aunque la frase que más me impacto, tanto es así que la he utilizado como título de este artículo, fue la pronunciada por Gracia Sánchez del Real, presidenta de la revista “The Woman Leader”.

El enfado es la antítesis de la felicidad

Trajo a colación algo que precisamente es la antítesis de la felicidad, el enfado. En tan solo cinco palabras supo sintetizar una gran verdad.

Le comenté a Gracia que me gustaría usar su rotunda afirmación como título de uno de mis artículos, a lo que no solo accedió de inmediato, sino que en un bonito acto de humildad me aclaró que la frase no era de su autoría, sino que forma parte de una de las tantas y enriquecedoras historias que se le atribuyen a Buda y que amablemente me resumió:

“Dicen que un día un visitante fue a ver a Buda, y empezó a propinarle insultos. A Buda parecían dejarle impasible los insultos que le lanzaba aquel visitante. Cuando, más tarde, sus discípulos quisieron saber cuál era el secreto de su imperturbabilidad, él dijo: Imaginad lo que ocurriría si alguien os ofreciera algo y no lo tomarais; o si alguien os enviara una carta y os negarais a abrirla: su contenido no os afectaría en lo más mínimo, ¿no es así? Pues haced lo mismo cuando os injurien, y no perderéis la calma.”

Gracia, también me apuntó que en la misma línea del potente mensaje compuesto por esas cinco palabras que tanto me gustaron, hay una frase de Confucio que dice así:

“El que domina su cólera domina su peor enemigo”.

Gestionar el enfado, manejar el autodominio y vivir en equilibrio con uno mismo

Que estos dos sabios, referentes del pensamiento profundo y la reflexión en la historia de la humanidad, casualmente por la misma época, coincidieran en dar esa importancia vital a saber gestionar el enfado, manejar el autodominio y vivir en equilibrio con uno mismo, acciones todas ellas que son sinónimo de felicidad, tema central del programa de radio de aquel día, es algo que no podemos pasar por alto, y que mi compañera de tertulia lo mencionara, creo que fue un  acierto.

En el anterior artículo del blog de Happÿdonia, lanzábamos el siguiente mensaje: “No busques la felicidad, ponla en práctica” y creo que una de las mejores formas de hacerlo es erradicar de nuestro comportamiento actitudes que nos alejan de ella.

Me he permitido diseccionar la palabra enfado en tres partes para que podamos ver lo nocivo que es este a la hora de desarrollar de forma satisfactoria y ágil nuestras tareas:

Saber gestionar el enfado, comprende las fases del EN FA DO

EN: Enzarzamiento.

Cuando nos dejamos llevar por un estado de ánimo molesto y no ponemos medios para solucionarlo, es probable que desemboque en crispación e ira, provocando malentendidos que nos alejan de la realidad.

FA: Falacia.

La velocidad con la que viajan los pensamientos en estados de ira es tal, que no somos conscientes de la falta de coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos.

En momentos de enfado esas creencias, que sabemos que no tienen un fundamento solido que las avale, se convierten en nuestra mente en verdades irrefutables que blindamos ante cualquier otra sugerencia y opinión, cerrando la puerta de forma fulminante a cualquier fórmula de negociación o solución creativa y divergente.

Así pues, la ira es una emoción directamente responsable de que conflictos laborales o dificultades a la hora de alcanzar objetivos, puedan replantearse de modo que faciliten soluciones en momentos de dificultad.

DO: Dolor.

Tras esos momentos de enfado, muy nocivos tanto para la persona que se siente enfadada como para la que es objeto del mismo y que suelen producirse de forma rápida e impredecible, queda una sensación interna molesta de rabia y frustración a la que más tarde se une ese cansancio  psicológico que produce la desilusión, algo en lo que hay que ponerse a trabajar para revertir cuanto antes, puesto que influye significativamente en la forma de enfocar nuestras tareas, así como de interpretar la vida.

Las consecuencias de tomar decisiones en situaciones de enfado son casi siempre perjudiciales para todas las partes, cerrando la puerta a posibles soluciones satisfactorias que son imposibles de ver cuando, como dice Daniel Goleman, permanecemos “raptados” por esa diminuta parte del cerebro, pero con tanto poder sobre nosotros, llamada amígdala. La verdad es que tomar decisiones sin pasarlas por esa “mano de santo”, como dirían nuestros antepasados, de la corteza prefrontal, es una opción para nada recomendable en ningún ámbito de la vida.

Albert Ellis, considerado como un gran psicoterapeuta de la escuela cognitiva, en una de sus numerosas conclusiones fruto de su experiencia, dijo:

“Son destructivas e irracionales las emociones que minan nuestros objetivos y propósitos principales en la vida. Son, fundamentalmente: la depresión, la ansiedad excesiva, la ira excesiva y la culpa pronunciada”.

Así pues, hay que contemplar que además de lo aconsejable que es aprender a gestionar las emociones que nos producen los enfados de los demás, es igualmente importante que sepamos detectar los canales que activamos nosotros en nuestro cerebro, produciéndonos  lo que podemos llamar “autoenfados”, mediante hábitos cronificados en nuestros pensamientos y creencias, algo que priva a nuestra vida de valiosos momentos de felicidad o cuanto menos de equilibrio y serenidad, también ingredientes necesarios para sentirnos bien.

Recuerda que “aunque la vida está llena de matices, deslices y gente que toca las narices, hay que aprender a que nada de ello nos impida ser felices”.

Rafa Peiró

Rafa Peiró

Emotional Manager

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